El Schibboleth del psicoanálisis: El sueño

Por: Silvia Ortega y González1

 

En el invierno de 2015 es digno de resaltar que en el de 1899 vio la luz el pilar de la obra y de la teoría freudianas.  Además que en este año, se cumplen 100 años de sus trabajos: Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños, (1917[1915] y la parte II. El sueño de las Conferencias de Introducción al psicoanálisis ((1916-17 [1915-17], escritos que surgen después de la Introducción del narcisismo (1914), que influye significativamente la nueva exposición de este tema tan trascendental, que ya desde 1933 Freud constataba con cierto despecho que parecía que había dejado de despertar interés.

Por la correspondencia de Freud con Fliess podemos seguir con cierto detalle el proceso de composición de la Interpretación de los Sueños, centralmente por el contenido de la carta 123  del 5 de noviembre de 1899 donde Freud anuncia a Wilhelm Fiiess (Freud, 1950): “ayer finalmente apareció  el libro”:  La Interpretación de los sueños –Die Trumdeutung–  y en 1932c al comienzo del 2º escrito sobre Josef Popper-Lykeus Freud comenta:  “fue en el invierno de 1899 cuando ante mí tuve al fin mi libro la Interpretación de los sueños, posdatado para que apareciese como del nuevo siglo”.  Es decir, como doctrina inaugural en el nuevo siglo.

La obra princeps del fundador del psicoanálisis junto con Tres ensayos de teoría sexual (1905d) fue  actualizada en forma más o menos sistemática, atravesando los virajes conceptuales de la Metapsicología Freudiana

Es digno de considerar que desde 1882 Freud muestra su interés por los sueños a través de algunas alusiones dispersas, en los historiales clínicos ya incluidos en los Estudios sobre la histeria de Breuer y Freud (1895) y también desde su obra inaugural el Proyecto de psicología para neurólogos (1895) y precisamente en la Interpretación de los sueños donde Freud deja de lado la base neurofisiológica –no de forma definitiva- para presentar un nuevo esquema en el capítulo VII de esta magno escrito, que reemplaza  los sistemas de neuronas por sistemas o instancias psíquicos.

El sueño es el Schibboleth –santo y seña- del psicoanálisis y sólo con la condición de pronunciar en forma correcta el texto del sueño resulta posible acceder o no al saber psicoanalítico, es decir, franquear simbólicamente el <Jordán> inconsciente, o expresado de otra manera una prueba “lingüística” de que quien comprende la lengua del sueño puede hablar la del inconsciente.  De hecho Freud emplea la imagen del Schibboleth para presentar al “inconsciente” como contraseña para acceder al psicoanálisis, dicho de otra manera, la única “prueba” de que se habla correctamente una lengua consistente en poder respetar las reglas de pronunciación, esto se aplica por igual al psicoanálisis, para practicar esta actividad, como si tratara de una lengua que abre una esfera de experiencia propia, es necesario comprender la lengua del sueño.

La innovación de Freud consiste en abordar el sueño en vinculación con la actividad asociativa de quien sueña, a través del papel de las asociaciones oníricas, revelado por el examen de los neuróticos advierte Freud su importancia, así el sueño pasa a ser el prototipo de la actividad psíquica inconsciente y el “camino regio” de interpretación inconsciente.  Por medio del sueño, el psicoanálisis se revela como “arte de la interpretación del inconsciente#, ya que Freud presenta sobre la base de un ejemplo prototípico, el sueño de la “inyección aplicada a Irma” el método estrictamente psicoanalítico de decodificación del sueño.

El sueño adquiere su significación paradójica en que muestra la actuación del inconsciente en todo sujeto y permite aclarar la otra formación gemela que es el síntoma neurótico, ya que Freud expresa “el sueño es también un síntoma neurótico que tiene para nosotros, la ventaja inapreciable de sobrevenir en toda persona sana”, por tanto el sueño desplaza la línea fronteriza entre “normal” y “patológico”.  En consecuencia la “doctrina de los sueños“ y la “doctrina de las neurosis” son sinérgicas, conducen a resultados convergentes, prueba del carácter estructural de la teoría de las formaciones inconscientes.  El sueño y el síntoma son “confidencias” hechas en “términos inapropiados”, no se trata de una manifestación social, pero de todas formas “eso habla”

La “doctrina de los sueños” es a la vez, el pilar de la obra y de la teoría freudianas, y de manera indirecta lo que sirve para señalar sus modificaciones.

 

Citas:

1.-

2.- Freud, S. (1914) Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico

3.- Freud, S. (1913 [1911] .  Sobre el psicoanálisis.  Obras Completas, Tomo XII, trad. J.L. Etcheverry.  Argentina: Amorrortu Editores, 5ª reimp 1998.

4.- Assoun, P-L. (2005).  El sueño, paradigma de la interpretación. Libro II. Las formaciones inconscientes.  En: Fundamentos del Psicoanálisis.  Buenos Aires: Prometeo Libros